Iglesia Cristiana Monte Sinai

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Venciendo El Desaliento

Hoy vamos a estar enfocados en un personaje que admiro mucho en el buen sentido de la palabra. Su liderazgo fue puesto a prueba en varias circunstancias que eran extremadamente adversas.
 
Pero su carácter y su fortaleza estaba bien cimentada en Dios. Nehemías era un hombre que supo poner las cosas en su debido orden a medida que confrontaba los problemas. No se dejó llevar por la desesperación y lo que es peor en esos momentos es cuando uno se confronta con el desaliento.
 
La pérdida del ánimo y de la energía puede perjudicar a muchos. Tal es así, que pierden la esperanza y se dejan dominar por el temor. 
 
El mensaje de Hanani, el hermano de Nehemías, produjo dolor en el corazón de Nehemías. Las palabras golpearon fuerte: “Están en gran mal y afrenta y el muro en Jerusalén está derribado y sus puertas quemadas a fuego.”
 
El trabajo de Nehemías fue y es una inspiración para el pueblo de Dios, aún en el día de hoy. Así que vamos a ver como podemos vencer el desaliento y los obstáculos cuando estos estén presentes en nuestra vida.
 
I. NO HAY OBSTACULOS QUE SEAN MAS GRANDE QUE DIOS
Estos fueron los obstáculos con los cuales se tuvo que confrontar Nehemías:
a) Tenía que pedir permiso en primer lugar al rey para salir de Persia y así viajar a Jerusalén (Capítulo 2).
 
b) Necesitaba materiales para edificar el templo y las puertas (Capítulo 2).
 
c) Necesitaba permiso para pasar de una provincia a otra en el reino hasta llegar a Jerusalén (Capítulo 2).
 
d) Los enemigos de Israel se disgustaron en extremo cuando Nehemías procuró el bien del pueblo (Capítulo 2).
 
e) Los oficiales o gobernantes del pueblo y los nobles (gente rica) eran parte del problema. Veían el mal y no hicieron nada al respecto. Permitieron que los enemigos vivieran con ellos. Y estos a la vez eran los responsables de la pobreza de la nación por los impuestos y tributos, eran a tal extremo que tenían por necesidad empeñar sus tierras y sus hijos para tener lo necesario para comprar alimento (Capítulo 5). En el verso 15 dice: Abrumaron al pueblo. 
 
f) A Nehemías lo quisieron engañar y por igual, lo amenazaron a él y al pueblo. (Capítulos 4 y 6). Los amedrentaban; asustaban y les querían infundir miedo diciendo: Se debilitarán las manos de ellos en la obra y no será terminada.
 
g) El escombro es mucho (Capítulo 4:10). La destrucción fue bien grande.
 
El desaliento o desánimo era muy grande en el pueblo. Hay problemas o habrán obstáculos tan grandes o numerosos que querrán paralizarnos. Es aquí, precisamente que debemos de pausar por un momento y empezar a confiar de que Dios es más grande que todos los problemas puestos juntos. 
 
Piensa que la Tierra es un granito de arena en este universo y nosotros vivimos en ese granito de arena. De la misma manera que los problemas causan miedo o temor, debemos mirar que Dios es más grande y poderoso. Esto produce en nosotros que cantemos: Mi corazón entona la canción: ¡Cuán grande es el! 
 
Y todo hombre o mujer necesita tomar su lugar y se debe de mover bajo el poder de Dios. Cuando esto sucede, otros seguirán. La cuestión es empezar.
 
Nehemías podría haber dicho: Estoy lejos de Jerusalén; Nadie me conoce; No me harán caso; Hay otros que pueden hacer el trabajo o Yo solo soy un copero.
 
II. LA MANERA DE VENCER EL DESALIENTO
Nehemías fue un hombre que se volcó en la oración.
a) 1:4 – 11
b) 2:4
c) 4:4,5 y 9
d) 6:14
e) 9:2 – 38
f) 13:31
 
Nehemías ayunó y oró algunos días delante de Dios. Quiso tomar tiempo en cerrar sus ojos y tener la confianza de que todos aquellos que se acercan a Dios, Dios se acerca a ellos. 
 
El corazón de Nehemías estaba cargado de dolor e hizo duelo y lloró. Su gente estaba amargada y desalentada. Estaban en vergüenza y no tenían gobernantes que le tuvieran estima. Estaban a merced de ellos y de enemigos. Estos no tenían interés en su dolor y necesidad. Nehemías busca al Dios poderoso, fuerte, grande y temible. 
 
Dios quiere moverse a través de hombres y mujeres o jóvenes que hagan una diferencia en la vida de otros que están en necesidad. Nehemías reconoció que Dios es un Dios de pactos. El sabía que si él se humillaba sobre el cual el nombre es invocado y oraba y buscaba su rostro y se convertían de sus malos caminos, entonces Dios oiría desde el cielo y perdonaría sus pecados y sanaría su tierra. Si Dios lo dijo, entonces lo hará. 
Y Nehemías confiesa los pecados de su pueblo. El sabía que ellos habían sido escogidos por Dios mismo para algo grande.
 
III.  AYUDAMOS A VENCER EL DESALIENTO AL ALENTAR O DAR ANIMO A OTROS
En el capítulo 2:17 – 20, Nehemías extiende una invitación para que no estuvieran más en miseria. Y el pueblo respondió y podemos ver testimonios como el de Baruc (3:20), que lo trabajó con fervor o del resto del pueblo (Capítulo 3). Trabajaron todos juntos unidos con un mismo fin. Ellos querían gozar de la presencia de Dios y oír Su Palabra. Y cantaron con gran alegría y buscaron proteger a sus familias de los enemigos. 
 
El Templo, las murallas y las puertas tienen un significado espiritual muy grande.
 
Lucharon juntos – 4:13, 14 y 17 – 20. Y Dios los ayudó, (4:15). Podemos notar que al enemigo se le hará más difícil vencer o desanimarnos cuando hay unidad en el pueblo de Dios. 
 
Por igual Dios recompensa, porque de copero del rey pasó Nehemías a ser gobernador de Jerusalén, ya que fue nombrado por el mismo rey (5:15) y estuvo en Jerusalén por doce años.
 
En esos años el pueblo que estaba en gran afrenta y gran mal, ahora tenían para dar a Dios. No tenían nada antes pero ahora tenían mucho (7:70 – 72).
 
La diferencia la hizo un solo hombre que estaba comprometido con Dios por sobre todas las cosas.
 
IV. EL ENEMIGO QUERRA DESALENTARTE
En el capítulo 4:1, nos muestra que cuando hay avance y unidad entre los hermanos, la lucha vendrá. Estos enemigos se burlaron en forma cruel y humillante. Estos estaban enfurecidos y violentos en exceso.
 
Y el desánimo vino, (4:10):
a) Estaban débiles
b) Había mucho escombro
c) No podemos terminar o edificar el muro
 
Pero el resultado lo vemos que cuando se prevalece sobre el desaliento, hay una victoria que nadie podrá apagar (12:43,44). 
 
Dios les dio gran contentamiento y había gran gozo. El gozo del Señor se convirtió en su fortaleza (8:10).
 
Ahora podían decir: No abandonaremos la casa de Dios (10:39).