Iglesia Cristiana Monte Sinai

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La Fe Que No Renuncia

Lectura Bíblica: Mateo 15:21 – 28
 
La historia que vamos a ver esta noche es una que me sorprende mucho, por las palabras que usó el Señor Jesús ante una mujer que estaba en necesidad. Ella estaba desesperada por la manera que estaba sufriendo su hija y el Señor pareciera que estaba tratando de desanimarla completamente para que esto no sucediera. Pero aquí vamos a ver todo lo contrario. 
 
Interesante de notar que Jesús hizo grandes señales convincentes en las cuales demostraba que era el Mesías. Sin embargo esta mujer con antecedentes de enemistad entre Israel y la gente de Canaan, de donde era esta mujer. 
 
Vamos a observar 3 secciones en este pasaje:
 
I. Verso 21 – La Mujer
Marcos capítulo 7, es un pasaje paralelo de Mateo 15. En el verso 24, nos dice que esta mujer era de la región de Tiro y Sidón. Eran parte de Siria o lo que es el Líbano hoy en día.
 
Verso 26, nos dice que la mujer era griega y de la región de Sirofenicia, o sea la franja que abarca desde Dor hasta Arwad, al Norte de Meguido. Esta región estaba gobernada por griegos. Esta región en los tiempos del Antiguo Testamento, era conocida como la tierra de Canaan. Antes que Israel entrara a la tierra prometida, Dios había dado orden de exterminar los cananeos (Deuteronomio 20:17).
 
II. Versos 22 – 28 – La Conversación
Si Jesús hubiera sido racista, no hubiera llegado hasta esta región. Lo que vamos a aprender en esta lección, como en otras, es que Jesús no se la hacía fácil a nadie que lo quisiera seguir. Les ponía trabas más bien. El quería que estuvieran seguros del paso que iban a tomar. Es que seguir a Cristo no es para gente que sea débil ni tampoco es para los que dudan.
 
Esta mujer vino desesperada al Señor. Su hija estaba gravemente atormentada por un demonio. Ahora notemos algunas cosas interesantes de estos versos:
Las palabras de ella – (a) Le dice: Señor. En el griego es kurios, que quiere decir amo o dueño absoluto. Esta palabra está bien relacionada con YAHWEH o Adonai. Ella lo estaba reconociendo como el único que podía controlar o expulsar al demonio.
(b) Hijo de David – No solo se refiere al Mesías, pero por igual lo estaba declarando Rey.
(c) Ten misericordia de mi – Ten pena, estoy con mucho dolor, necesito tu ayuda.
(d) Mi hija – Esta era la necesidad tan grande que tenía. Ahora, no hay peor cosa que ver a una persona que te implora y cuando estás bien desesperado (a) que la otra persona a la cual le estás hablando no te responda ninguna palabra.
Esto no la detuvo en cuanto a su insistencia. Sus discípulos estaban molestos con esta situación. Le dicen al Señor: Despídela… O sea, que se vaya Señor, si no la vas a atender. A esto tenemos que observar: Le rogaban que hiciera esto.
 
Jesús les responde a ellos, no a la mujer: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. El Señor estaba enfocado en primer lugar con Israel (Mateo 10:6 y Juan 1:11). Su ministerio consistía en el poco tiempo que tenía sobre la tierra para predicarle primero a la nación de Israel.
 
Lo segundo que vemos en esta porción, es que les llama perrillos a los gentiles. Como si fueran una mascota.
 
La acción de ella – A pesar de todo, ella se postró ante el Señor. Esta actitud fue la correcta. Ella sabía que la esperanza que tenía de ver a su hija sana, estaba en Jesús solamente. No tuvo orgullo y no tuvo miedo de suplicarle al Señor. 
 
Ella clamó a gran voz: Ten misericordia de mi. Esta es una fe que nace en la confianza en quien es Jesús. Jesús le explicaba que no era bueno dar las bendiciones de Israel a los gentiles. Y aún así no se dio por vencida. Fue allí que Jesús le responde: Oh mujer, grande es tu fe, hágase contigo como quieres. 
 

Ella sabía que las migajas sería suficiente para su hija. Ella sabía que había mucho en juego, la salud de su hija. Jesús la puso a prueba y salió victoriosa.
 
En Mateo 7:7,8, Jesús enseñó que hay que tocar y seguir tocando hasta que la puerta de las bendiciones sean dadas. 
 
Primera vez que tocó la puerta hubo silencio de parte del Señor. Segunda vez que tocó la puerta se le compartió que ella no era de Israel y la tercera vez que tocó ella no podía participar de la mesa para comer pan. 
 
Sin embargo persistió y se dio cuenta que los mendigos no están en condición de escoger, sino de depender de la gracia y la misericordia de Dios.
 
Persiste siempre y que puedas tener una fe que nunca renuncia a nada a pesar de los obstáculos que tengas por delante.